Luz y música son los vestigios que quedan de lo que solía ser una catedral, ahora abandonada. Son estos mismos elementos los que representaban toda su espiritualidad, y en conjunto con las inmensas proporciones del estructura que las contiene, causaban en sus fieles una serie de sensaciones dimensionales. Donde la inferioridad (inferioridad como cuidado paternal) y al mismo tiempo la sensación de plenitud, llevaba a los fieles a la contemplación.
Para definir estos conceptos dentro de la catedral, entendimos, luz y audio, de igual manera como el paso y bloqueo de ondas, y las ondas como fragmentos de realidad, ritmos, escalas, desfases, continuidad y repetición. Fractales.
Los fractales se definen como quiebres repetidos en diferentes escalas. La tarea, llevar esto a un museo replanteando la planta de cruz, tres naves y bóvedas de 30 metros de altura de la catedral. La solución, tomar como referencia los máximos exponentes de la luz y la música: Las figuras quebradas de un vitral y la majestuosidad de un órgano. Abstraídos para permitir y bloquear el paso de las ondas, subdividiendo el espacio con escalas desfasadas en X, Y y Z. A lo largo de la planta con quiebres de piso, desviación de recorridos y ejes cruzados. Mientras que se ocupa hacia lo alto de la construcción por inmensos bloques de niveles variados, cada uno en relación fractal con el anterior (una relación fractal desfasada).
Y por último la relación y choque de lo antiguo con el nuevo material, tanto material de construcción como tecnológico. Desde intalaciones audio-visuales hasta salas de interacción lumino-sonora con el visitante del museo. Todo esto para crear en él, las mismas sensaciones de éxtasis, inferioridad ante lo majestuoso y desapego de la realidad que creaban en el fiel su visita a la catedral.
Y por último la relación y choque de lo antiguo con el nuevo material, tanto material de construcción como tecnológico. Desde intalaciones audio-visuales hasta salas de interacción lumino-sonora con el visitante del museo. Todo esto para crear en él, las mismas sensaciones de éxtasis, inferioridad ante lo majestuoso y desapego de la realidad que creaban en el fiel su visita a la catedral.




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