y en el rato, ya pasó casi una semana o un largo encierro, un año nuevo, una molestia retardada, una pausa obligada, un recuerdo nuevo, un sutil cambio, una radiación ocasionada con un módulo repetido (no repetitivo), una y muchas imágenes más, un día después, una introspección externa, un millón de lineas nuevas, un duda continua, un diálogo por venir, un respiro y canto extraños, sensación de pertenencia a lo lejano y una re-ojeada a lo usual.
y es q hoy después de intermitentes caminatas, crucé un campo entero inmovil, y me llegué a salpicar. Crucé mirada con un hermano al compartir de la ciudad. Recibí tiempo medio, y con escalas y atajos largos, fui recibido en poco tiempo. Entré y pacificamente se dejó llevarme, y llevando me quedé elevado, detenido por ventanales de sol. Y aún sin ser atosigado por el incondicional cariño de quien tiene hambre, leí, reí, jugué con el dragon chino que no sirve y subí todos esos pisos para pasear entre pasillos estrechos de muchas puertas, bajo palomares de ropa limpia que no está, junto a campos abiertos para cenar muy al aire libre. Me quedé con la imagen de la vida de alguna, que vive junto a la otra para distinta casa y ahorré agua pues no me bañé con nadie. Entretenido observé de arriba tu mesa de comer y cómo tus formas de pensar se destrozaban sin moverse, aún.
Bajé hasta los cuernos en piernas y pies, y en espalda entré al refrigerador de carnes, descompuesto, en este sentido, por dentro pero funcionando bastante. Salí, pasé por un papel que son dos, mas no use ninguno. Y regresé desde la llamada hasta mucha perspectiva después, donde al ver lo que pasaba, entendí que no habían visto lo que yo e incluso se quedaron en agua caida. Yo no, pues rodeé y me cubri un rato. Comí lo que extrañaría, y vaya q lo disfruté. Me senté acostado en un tendedero. Reposé. Y de escribir me tuve que ir (para llevarte).
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